lunes, 9 de abril de 2018

Apariencias











Liliput- Tema: Bulos



Cuando ofrecieron el puesto de directora adjunta a Roberta Paredes, el rumor se extendió por la oficina rápidamente. Algunos estaban seguros de que lo había conseguido seduciendo a don Agapito. 'Siempre con esas minifaldas y esos escotes. Con esa sonrisa deslumbrante, decían en voz baja. Se veía venir era demasiado evidente'. Algunas compadecían al jefe, otros le envidiaban. A saber qué otros planes tendría la desvergonzada teniendo en cuenta que él estaba soltero.

La víspera de su cumple, Marcos Regulez decidió ir al Píccolo, conocido bar para gays, a celebrarlo tomando algo y quizá ligarse a alguien.

Lo que no esperaba fue encontrarse allí a don Agapito muy amartelado con un moreno que para sí le hubiera gustado.





viernes, 23 de marzo de 2018

Sigmun el Tuerto


Tintero Tema: Piratas










La nave entró majestuosa en el Abra, todos pensaron que iría al Museo Marítimo, a nadie se le ocurrió que pudiera tratarse de otra cosa. El práctico la llevó hasta la ría, solo los expertos saben hacerlo, y luego observó las maniobras del velero hasta asegurarse que no encallaba en el lodo del cauce.

El Capitán, un hombre de mediana estatura y regordete, miraba extrañamente con un ojo brillante y lechoso que, si te fijabas bien, se apreciaba que era de cristal. Le llamaban Sigmun el Tuerto y sus hombres le temían pues tenía fama de no aguantar los errores. Atracaron el barco en la dársena externa del Museo. El Tuerto repartió las órdenes con energía y todos se aprestaron a obedecer. Él y cinco de sus hombres se adentraron en la ciudad, caminaron por las calles estrechas y se informaron dónde podrían alquilar un vehículo. Los lugareños hablaban un extraño idioma y les costó entender cómo llegar a su destino en la cima de un monte, en una comarca de bosques y praderas verdes. Buscaban el ídolo de una lamia. Decían que era de incalculable valor, hecha de oro macizo y piedras preciosas y que quien lo poseyera tendría la vida asegurada. Además, y aunque él no creía en esas cosas, tenía propiedades mágicas que lo harían atractivo a las mujeres.



El barco seguía en aguas de la ría. Dos hombres habían solicitado permiso para subir a bordo y hablar con el Capitán. Les recibió el Contramaestre, un hombre alto y fino, de rostro muy pálido, extraño para un marino siempre en la mar y que cojeaba al andar pues le faltaba una pierna y llevaba una prótesis en su lugar. Querían saber a quién pertenecía el barco, de dónde venían y qué negocios los traían a la ciudad. Adujeron que les había invitado el Museo, pero insistieron en que para atracar allí, necesitaban un permiso de la Comandancia de Marina. Si no solventaban los trámites, en dos días tendrían que irse.

Siguiendo el mapa, el Tuerto y sus hombres llegaron a la aldea desde la que debían subir a un monte escarpado y buscar una cueva. Encontrarían varias, dijo el hombre al que se lo robaron, pero solo una era la que guardaba el poderoso ídolo sagrado. También era la más peligrosa. Cenaron y durmieron en la posada del pueblo.

— ¡Por todos los marinos muertos! —Exclamó Sigmun, antes de acostarse— A fe mía que estos aldeanos saben comer bien.

De madrugada treparon por el monte, no resultó fácil, había mucha niebla, hacía frío y pronto comenzó una terrible tormenta, confiaban no perderse pues no habían preguntado a nadie para no levantar sospechas. Después de dos días de ardua caminata llegaron a la boca de la que parecía ser la cueva que buscaban.



— Boris, tu quédate fuera y vigila por si se acerca alguien —ordenó el Capitán.
Los demás se adentraron en un pasadizo oscuro y húmedo, caminaron con dificultad dentro de aquellas fauces de roca que parecían querer devorarlos hasta que, una detrás de la otra, las luces que llevaban se fueron apagando.


Cuatro días esperó Boris en la entrada de la cueva, se adentró por ella, nervioso y preocupado por la suerte de sus compañeros y empapado, aterido y muerto de hambre, al quinto decidió volver al barco, dando a sus compañeros por desaparecidos. Cuando llegó a la dársena, asombrado vio que este no estaba allí. Les habían negado el permiso de amarre, le informaron y habían partido el día anterior. ¿Y ahora qué hacía?


Esto sucedió hace ya un tiempo, cuando ya todos creían que no existían piratas en busca de tesoros. Cuentan que era haurrentzako ipuinak, que aquel barco nunca existió. Puede que así fuera, pero en Santurtzi viven dos chavales rubios y pálidos, nietos de un hombre que llegó al pueblo una mañana y se quedó allí para siempre. Dicen que bajaba a diario al Puerto y esperaba a que su barco regresara a buscarle y que había muerto sentado en un noray mirando al horizonte.

En la aldea, arriba en el monte, aún se cuenta que en los días de tormenta y pedrisco se escuchan lamentos que salen de la cueva sagrada, pero, que nadie se atreve a subir a averiguar qué pasa. Todos saben que es mejor no acercarse por allí porque suceden cosas extrañas.










Por la ruta más... larga






Tema a tratar 'Laberinto'








—Quizá hubiera sido mejor parar en el pueblo que acabo de atravesar para preguntar si voy bien en esta dirección.

Por ambas ventanillas del coche ve retroceder la hermosa imagen del campo de girasoles y por el retrovisor la caravana que va formando. Está totalmente perdida, diga lo que diga el tomtóm.

— Debiera haber marcado la ruta en el mapa, como me ha dicho Mercedes, así ahora podría echarle una ojeada. Bueno, ya no tiene remedio.

En la siguiente rotonda, gire a la derecha, circule cien metros, gire a la izquierda y continúe todo recto hasta salir a la A9 dirección Paidou…

– Paidou? ¿A dónde me manda este trasto? Ya digo, mejor un mapa, estas cosas modernas no van conmigo.




lunes, 12 de marzo de 2018

Furtivo



















Entre la niebla, por la tierra helada caminan, escopeta en mano, varios hombres. Parecen furtivos pero no lo son, van en silencio acechando jabalís o corzos; se ha abierto la veda y desean llevar a casa algún trofeo. Medio oculto en el bosque, un lobo los observa fijamente. Se siente seguro, la ley lo protege. 

Días después el ganadero se desespera porque esa noche el lobo ha matado a tres de sus ovejas y no es la primera vez. El rebaño es su sustento, pero el lobo no lo sabe y tiene hambre, no lo puede remediar. Al finalizar la temporada han muerto demasiados jabalís. Cuando ha comido, el animal solo desea que la paz regrese al bosque.



Liliput - 26 febrero al 6 marzo Violencia innecesaria





domingo, 25 de febrero de 2018

Rosa náutica



Netwriters Tema Viento









Wind había viajado lo suficiente para saber que en aquella isla podría criar a sus seis hijos e hijas y encontraría la paz; los años le pesaban, pronto necesitaría ayuda. 

Boreas creció fuerte, en cuanto cumplió la edad lo envió a trabajar al norte. Hizo lo mismo con Noto, a él lo mandó al sur pues era un ser cálido y dulce. A los 15 años Euro se fue al este, le gustaba la lluvia, pero también el calor. El pequeño Céfiro, tan romántico, marchó al oeste. Por fin podría descansar, todo estaba en orden. 

El mundo crecía rápido y necesitaron ayuda. Acudieron sus primos Cecias, Apeliotes, Coro y Libis y 'La Rosa de los Vientos' volvió a ser lo que siempre fue.




martes, 20 de febrero de 2018

La decisión




Imagen hayada en la Red






El ventanal abierto al cielo oscuro, abajo la luz de una farola. Sentada en el alfeizar, Catrina observa los tejados, brillantes por la lluvia de todo el día, y espera que la luna salga por fin de entre las nubes. Un gato atraviesa, con andar parsimonioso la calzada, mira a un lado y otro como si buscara a alguien y desaparece en la oscuridad.

Con gesto indolente, Caty se retira la melena rubia de la cara; un pensamiento la ronda: Vale, tal vez lo haga.  Después de todo no le va a importar a nadie y ya está más que cansada. Quisiera dormirse. En realidad lo que le gustaría es no haber vivido nunca; solo dormir, no sentir, no saber nada. Recuerda las palabras que leyó en uno de sus libros, las pronunciaba Hamlet: ¡Morir, Morir! Dormir, tal vez soñar… ¿Cuándo la vida ha perdido su sentido para ella? ¿Lo ha tenido alguna vez? Esta habitación, este orden miserable, la lucha de cada mañana por sobrevivir: esto es todo lo que tiene, cosas que no significan nada. Solo es rica en soledad.

Hay un nido de pájaros bajo una de las tejas, se oyen las quejas de las crías. ¿Cómo será morir? ¿Entrará en un túnel de luz, como dicen algunos? ¿Será esa claridad inmutable, inmisericorde la que la paralizará para siempre, quedará atrapada en una existencia intemporal y aburrida? ¿Se repetirán una y otra vez los veinticinco años que ha vivido, uno tras otro, monótonamente, sin ningún cambio, o por el contrario atravesará esa barrera lechosa y comenzará una vida nueva, incluso, podrá acabar esta vida que va a dejar a medio vivir?

Las palabras de Roger machacan su mente como un martillo. Sentado en su silla, tras la mesa llena de papeles, con los brazos cruzados sobre el pecho y la lengua blanca paseándose por sus labios, la mira de arriba abajo en un gesto realmente obsceno: Tú decides: si haces lo que te digo, si te muestras complaciente conmigo, podrás seguir trabajando aquí; te cuidaré, ya lo verás, sé buena chica y nos llevaremos bien, te gustará. Si no lo haces, te vas a casa y no vuelvas. Piénsalo bien. Te costará encontrar otro trabajo por aquí. Tiene que pensarlo. Y eso está haciendo. Pensar, no en las exigencias de aquel mal nacido, sino en si merece la pena seguir viviendo. Porque la muerte no le asusta, lo que haya tras ella tampoco, siempre y cuando no sea repetir lo vivido sin dar pasos adelante, sabiendo solo lo que ya sabe. El aburrimiento es mortal. Escuchará, quizá, cosas que ya ha oído antes, y dirá otras que ha repetido mil veces. Y nada cambiará.

En realidad ¿qué quiere realmente? ¿Teme que no haya esa vida eterna que nos prometen desde el momento de nacer?  ¿O prefiere pensar que descansará cuando todo acabe?
La luz blanquecina se eleva poco a poco sobre los tejados. No es la luz de la vida eterna, sino la de la propia vida. Pone la tetera en el fuego y mientras hierve el agua se da una ducha, luego toma la taza del té entre las manos para sentir el calor. Mientras bebe observa los platos y vasos alineados en perfecto desorden. ¡Esta cocina ha sido su hogar durante tanto tiempo!…Luego deja la taza en el fregadero.

Entra con decisión en el dormitorio, saca la bolsa del armario y mete en ella dos camisetas, un vaquero y ropa interior, un jersey de lana gruesa, zapatillas de caminar y sus cosas de aseo. Luego busca en una de sus botas de invierno el dinero que ha ido guardando en ella. Está dispuesta, no lo pensará más. Se gira en la puerta y echa la última ojeada a lo que queda, pero se le ha olvidado algo así que entra de nuevo y recoge los dos libros que están sobre la mesilla. Al salir deja la puerta semiabierta y la llave puesta en la cerradura.

La calle está desierta, los pasos de Catrina rebotan en las paredes de las casas, húmedas por la lluvia. No siente alegría, no siente nada, su corazón soporta a duras penas el peso de la bolsa y el de tantas cosas vividas, sólo mira hacia delante. En algún lado debe estar el horizonte.