sábado, 13 de mayo de 2017

Mala idea










 (Relato exprés en 'Unidos por los libros' Palabras obligadas: Primavera-pervertido-culo-soledad)

Por la ventana entraba la luz. Las hojas brillantes de un árbol daban sombra a la pared de enfrente. Era un bonito día de primavera, aunque él no podría disfrutarlo. Lo malo no era solo la vía penetrando en su vena, ni la máquina que contaba sus latidos, ni el frío desolado de la habitación del Hospital.

En la soledad de aquel recinto, donde entraban y salían desconocidos que le habían despojado de la poca dignidad que le quedaba, que le habían colocado aquel horrible blusón que dejaba sus vergüenzas al aire y que le movían sin miramiento, pretendiendo que estaban ayudándole, se había sumergido en un caos íntimo que ni siquiera trataba de superar. Le era indiferente lo que ellos pensaran, estaba seguro de que en su trabajo habrían visto cosas similares e incluso mucho peores.

Pero le jodía aquel enfermero que, cada vez que entraba, le miraba y se reía en su cara comentando:

— ¡Pero tío! ¿En qué estabas pensando? Eres un viciosillo pervertido. Jajaja ¿qué te había hecho el pobre animal? ¿No pensaste que podría no estar de acuerdo e iba a revolverse?

Se moría de rabia y de vergüenza. Cuando estuviera mejor le iba a dar a aquel gracioso hasta cansarse. Riéndose aún, el enfermero se puso los guantes de goma, tomó el pene con una mano y con la otra desprendió la cánula y levantó el vendaje.

— La verdad es que te ha dejado fuera de servicio durante un tiempo. Y da gracias, porque te ha dado tantos picotazos que podría habértelo partido por la mitad. ¿A quién se le ocurre dar por el culo a una oca?

Y se fue riéndose a carcajadas.

La cicatriz










 (Tema La barbería en Tintero Virtual - relato)


Los cristales sucios apenas dejaban pasar la luz. Había manchas en el techo de la habitación y las sábanas de la cama fueron blancas algún día; hoy eran de un color indefinible y estaban arrugadas.
Ramiro salió del baño desnudo. Su cuerpo era un saco de huesos, vello y piel marchita y en sus ojos había un punto de tristeza. Echó una ojeada a la cama, pensó que ya la haría y salió a la pequeña sala. Tenía pocos muebles: una butaca raída de aspecto confortable, una lámpara para leer, (adoraba la lectura, especialmente las novelas de terror), una mesa antigua, dos sillas y un armario pequeño con una televisión encendida: La bolsa se desploma, el Papa viaja a Polonia, el Madrid pierde 1-2 en el partido de ida, se busca al asesino de Mireia Lozano. Echó una ojeada y vio la fotografía de una joven sonriente.

Para empezar el día solía mirar si su vecina estaba cotilleando. Entonces se paseaba por la sala, con la ventana abierta a propósito, desnudo y dejando que su pene se balanceara, para escandalizarla y también, porque aquella tontería le ponía un poco cachondo.

Para su trabajo era preciso ser pulcro y oler bien. Viéndole salir a la calle de punta en blanco, nadie imaginaría que era un desastre en su casa. La barbería estaba tres calles más arriba. Tenía el suelo de florcitas amarillas mezcladas con otras azules y una pared totalmente forrada de espejos relucientes. Trataba a sus clientes con mucha prosopopeya. Cortaba el pelo a navaja, depilaba cejas y vellos en narices y orejas y de vez en cuando teñía las canas de algún presumido que desease parecer más joven.

La especialidad de la barbería de Ramiro, la que atraía a más clientes, era el rasurado de la barba. Este servicio cada vez se solicitaba menos, pero aún quedaban sibaritas que disfrutaban recostados en el sillón, con la cara envuelta en un paño templado, relajados y sin prisa. Aquel hombre le pareció extraño y además sucio. Traía una barba descuidada, de pelo crespo, rizado y pegajoso. El cabello largo, las cejas hirsutas. No había pisado una barbería en mucho tiempo.

Se sentó cómodamente en el asiento. Con voz ronca dijo: Completo y cerró los ojos dispuesto a dejarse hacer. Ramiro recortó el cabello y arregló la barba cuidadosamente, pues había observado que, bajo el pelo, asomaba una horrible cicatriz que atravesaba su mejilla. El cliente abrió los ojos, inyectados en sangre y bruscamente, le inmovilizó el brazo.

—Es suficiente, gracias, quiero la cicatriz cubierta.

Cuando salió del local, el barbero pudo sentir los fríos ojos de aquel hombre clavados en los suyos.
Una semana o dos después Ramiro lo había olvidado. Aquel día bajó la gradulux de la puerta de entrada, puso el cartel de cerrado y se dedicó a limpiar para irse pronto a casa. Estaba cansado. 

De espaldas a la puerta, frotaba las encimeras. Entonces vio a aquel hombre a su espalda, reflejado en el espejo. Pudo sentir su aliento cálido acariciándole la nuca. Le miraba fijamente. Extendió sus brazos como si fuera a abrazarle, tomó su cabeza con las dos manos y la volteó hasta que sonó un ¡crack! siniestro. Ramiro cayó al suelo con una mueca de sorpresa en el rostro.

Lo siento —dijo el asesino— pero no puedo arriesgarme a que hables más de la cuenta.

Y salió tranquilamente del local, perdiéndose en la noche.





Determinación









(Tema en Gigantes de Liliput: oscuridad 120 palabras)





Aquella extraña lucidez le confirmó que nada había sido como soñó y lo peor de todo era que no le importaba en absoluto. Las manos le temblaban. Las uñas mordidas y sucias, lo mismo que el pelo. Hacía días que llevaba la misma ropa, pero… tampoco eso le preocupaba.
Solo quería entender cómo había llegado a esa situación ¿Empezó cuando perdió su trabajo, o el día que supo que Pedro la estaba engañando? ¿Cuánto se puede soportar cuando todo se vuelve en tu contra?
Miró alrededor, no sentía ningún temor. ¿Habría de verdad un más allá? Fuera como fuese solo quería descansar. Se santiguó, anduvo dos pasos y saltó, sumergiéndose en la oscuridad de la muerte.

viernes, 12 de mayo de 2017

Paparazzis y guardaespaldas












Cuca y Dolfo son socios del Real Club de Hípica, a ambos les gusta montar a caballo. Suelen cruzarse durante sus largas cabalgadas, se miran, se estudian, diría más bien y se saludan educadamente. ¡Dios mío! suspira Dolfo cuando contempla ese culito subiendo y bajando al trote, su cabeza se le llena de malos pensamientos. Cuca es la esposa del Ministro de Asuntos Varios, así que siempre lleva detrás unos cuantos guardaespaldas y aunque no se vean, también una corte de paparazzi a la caza de alguna noticia caliente. Dolfo es el esposo de Pitita de la Cueva y Santipetri, primera accionista de Manufacturas Reunidas y otros pingües negocios. Es muy atractivo y bastante más joven que su mujer, dicen que tiene un encanto especial y música entre las piernas. Se dedica a lo que hace la gente desocupada con mucho dinero. También le vigilan, pero esto él no lo sabe.

Es mala suerte que, justo hoy, el caballo de Cuca se haya lastimado una pata; por otra parte es buena suerte que, justo en ese momento, Dolfo pasara por allí y que, como si fuera un príncipe, desmonte de su corcel y muy solícito se acerque a la mujer y delicadamente la ayude a bajar de la montura. Se enfrentan cara a cara y se miran. Hay sorpresa en sus ojos y una especie de escalofrío atraviesa sus cuerpos dejándolos como desmayados y sin fuerza. Dura justo el tiempo en que Dolfo desliza a Cuca despacio, bien pegadita a su pecho, comiéndola con los ojos y saboreando el instante; Cuca se deja llevar, siente la fuerza muscular del hombre y el calor de sus manos bajo sus axilas. Antes de llegar al suelo Dolfo mide como un experto la turgencia de los pechos de la mujer apretados contra él y no puede evitar sentir el vigor en su entrepierna. Sabe quién es y sabe también que esa mujer es un peligro, que la persigue la prensa continuamente y que Pitita está cansada de sus faltas de 'discreción' y le ha dado ya un ultimátum. Pero no puede resistirse cuando desea algo, así que acaba de decidir que Cuca y él van a montar juntos muchas veces y casi siempre suele conseguir lo que desea.

Cuca es la educación y el saber estar personificado, tiene una cintura delicada y no alza la voz nunca, el cabello rubio y liso y unas tetas de vértigo. Dolfo va con cuidado no sea que se espante, parece recién salida del colegio del Sagrado Corazón, pero está seguro de que es una 'zorrita' maravillosa que sabe más de lo que aparenta. Si no es así, él estará encantado de enseñarle. Pero no son solo los periodistas, también están los ‘gorilas’ que le vigilan con mala cara cada vez que se acerca.

En su primer encuentro Dolfo confirma sus sospechas: esta damita es mucho más que eso. Es una gata de uñas largas que sabe manejar bien la mano, mejor la boca y conoce todas las posturas del Kama Sutra y alguna más. Es como un tsunami en el Pacífico. Cuando recobra el aliento le da por pensar lo que pueden confundir las apariencias. En lo que no piensa es en el detective que le ha puesto su esposa para saber por dónde anda mientras ella trabaja y que les viene siguiendo desde hace días.


lunes, 1 de mayo de 2017

Ese lunar que tienes...




(Gigantes de Liliput - Tema Lunares)







Sentados desnudos en la arena de la cala semi desierta,  se sentían felices. Nerea, acomodada entre las piernas de Jon, miraba el mar mientras él recorría su dorso con el dedo, contando los lunares que lo coloreaban.
— Cinco, siete…
— Para ya, me estás poniendo nerviosa —le dijo riendo
— ¡Ah! pues me parece bien… diez, doce…

— Dieciséis… veinte. Oye, tienes muchos lunares, no debieras tomar el sol. ¿No te ha dicho nada el médico?
— Sí, que tenga cuidado y me dé siempre protección. Por eso suelo llevar camiseta y por eso hoy te estoy dando la espalda.

Pensó en su madre muerta por un melanoma.
Eso no iba a pasarle a ella.

— Vamos a bañarnos —dijo
Solo quería disfrutar del día.





sábado, 15 de abril de 2017

La dama triste












(Pintura)

Observó con atención el esbozo de la cara de mujer que estaba pintando, sus ojos almendrados le miraban fijamente; estaba satisfecho, eran como los había imaginado, pero aún debía encontrar la expresión que deseaba para su boca. Tapó el lienzo y trató de descansar.

Soñó que los labios de la mujer, a medio perfilar, le sonreían y a pesar de ello parecía triste. En su corazón la imaginaba tierna y misteriosa y así deseaba pintarla. Por la mañana, cuando tomó de nuevo los pinceles, los ojos de la mujer seguían mirándole: de ellos brotaban dos lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. Se sintió asustado, luego conmovido y decidió que así estaba perfecta, pero sería solo para él.